jueves, 24 de marzo de 2011

EL FANTASMA BUENO

Todos los vecinos que aseguran haber visto a Don Pedro, el espectro del Palacio Salvo, coinciden en la descripción de su apariencia: es alto, elegante y siempre lleva un paraguas. También concuerdan en que es un fantasma bueno, y no le tienen miedo.

En una de las ediciones del diario El País se publico un artículo sobre este tema.

Vecinos testimonian que lo vieron en las escaleras y en el piso siete. Las puertas suelen abrirse solas.
Los inquilinos afirmar que el edificio trae suerte .

Una de las más populares historias sobre el espectro del Palacio Salvo data de 1999. Ismael Rodríguez llegó al edificio a las once de la noche y subió en ascensor a su apartamento del piso siete. El largo pasillo estaba, como siempre, inmerso en la más tenebrosa de las oscuridades. Apenas introdujo la llave en la cerradura algo lo paralizó, sintió el filo de una navaja rozándole la garganta y el susurro del hombre que lo instó a abrir rápido la puerta. El delincuente no improvisaba, sabía lo que quería. "Sé que cada martes viene un hombre con un portafolio lleno de plata", le dijo. 

Era cierto. Ismael esperaba semana tras semana a un socio suyo que llegaba, desde el departamento de Canelones, para dejarle una importante suma de dinero. Intentó explicarle, sin faltar a la verdad, que ese día la persona no iría. El ladrón no le creyó y se sentó a esperar que llegara su botín. El silencio y la tensión hacían de cada segundo una eternidad. Pasaron 45 minutos hasta que, por sorpresa, la puerta se abrió. Ambos adjudicaron el hecho a una corriente de aire, pero luego vieron en el pasillo a un hombre alto, elegante, vestido de negro que, pese al buen tiempo, sostenía un largo paraguas, y caminaba de un lado hacia el otro. "¿Quién es él?", preguntó preocupado el delincuente. Ismael le dijo lo único que sabía, lo que comentaban todos sus vecinos: "Dicen que es un fantasma". El copador entendió de inmediato que una navaja era poca arma como para enfrentarse a las fuerzas del más allá y huyó despavorido. 

Todos los relatos coinciden en una cosa: el fantasma del Palacio Salvo es bueno. Algunas historias, como la de Ismael, vienen de boca de sus protagonistas que, aunque con reticencia, se atreven a contarlas; otras se convirtieron en leyendas urbanas a las que el tiempo borró los nombres de sus personajes principales. La apariencia del espectro es la misma en todos los testimonios; aunque algunos le atribuyen un sombrero tipo bombín, como el de Chaplin, y otros no. También concuerdan en cómo se llama: Don Pedro.

¿mitos? Los porteros del Salvo sostienen que en varias oportunidades el ascensor va hasta el piso siete y baja vacío. "Es algo que pasa desde hace años y no entendemos porqué. Incluso sucedía antes que pusieran los ascensores nuevos", cuenta Héctor Guerrero, que trabaja en el turno matutino. Pablo Barboza, que hace el horario de la noche, asegura que una vez vio como las puertas del hall se abrían y cerraban solas. Ambos garantizan que no sienten miedo. 

Cinco años atrás una inquilina vio a un elegante caballero mientras subía por una de las escaleras del Salvo. Al no reconocerlo se preocupó y luego de pasar a su lado giró la cabeza para observarlo: éste había desaparecido. "No pudo bajar tan rápido", asegura. Otra vez, allí mismo, una niña se tropezó y rodó por algunos escalones hasta caer, alguien la ayudó a levantarse y logró calmarla del susto; cuando la pequeña dijo cómo era quién la había socorrido la descripción coincidía con la del llamado Don Pedro. 

Y hay más. Hace pocos meses un hombre que no quiso ser identificado hizo una investigación sobre la historia del Palacio y sacó cientos de fotos del edificio. En una de ellas aparece la silueta difuminada de una persona, con la apariencia de un dandy de los años treinta, parada en uno de los rincones del hall. Los avances de la tecnología pueden hacer dudar si la imagen es real, pero de todos modos lo que sucede con ella es curioso. El administrador del edificio, Jorge Gil, asegura que la fotografía se borró tres veces de su computadora "sin que apretase nada". Ismael, en tanto, aclara que quien aparece en la foto no es el fantasma que él conoce. 

El psicólogo social Néstor Ganduglia, autor de los libros: Historias del Montevideo mágico e Historias mágicas del Uruguay interior, cuenta algunas de estas anécdotas sobre el fantasma del Palacio Salvo con la certeza que son veraces. "Existen muchas coincidencias, sobre todo en la descripción de Don Pedro. De todos modos no da para preocuparse, él sigue los lineamientos de los fantasmas montevideanos, que no son como los de las películas de Hollywood, en las que están siempre furiosos y vienen del otro lado solo para hacer desastres. Las apariciones uruguayas son como la gente de acá, tipos tiernos", relata.

¿Quién es el espectro? "Muchos de los que cuentan historias misteriosas sobre el Palacio relacionan al espectro con Don José Salvo, que puso buena parte de los esfuerzos de su vida en levantar el edificio", señala Ganduglia.
Los tres hermanos Salvo -Ángel, José y Lorenzo- compraron el terreno en el emblemático rincón de la Plaza Independencia en 1921, lo obtuvieron al carísimo precio de 650.000 pesos. Demolieron el viejo edificio del café La Giralda -conocido, entre otras cosas, porque allí se estrenó el tango La Cumparsita en 1917- y encargaron la obra al arquitecto Mario Palanti y al decorador Enrique Albertazzi. 

Si bien todos los uruguayos no pueden coincidir en que existan fantasmas en el Salvo, sí se podrían poner de acuerdo en que la estructura representa "la fealdad entrañable de la ciudad", dice entre risas Ganduglia. Una opinión parecida tuvo el arquitecto francés Charles Édouard Jeanneret-Gris, conocido como Le Corbusier, cuando al visitar Montevideo en 1929 sugirió demoler el edificio con un cañón. 

Dos años demoraron en levantar los 27 pisos, realizar los dos sótanos y construir los 370 apartamentos. En ese entonces, con sus 95 metros de altura, fue el edificio más alto de América Latina. Algunos historiadores, a la hora de explicar los símbolos que se desprenden de cada recoveco de la estructura, manifiestan que los Salvo eran masones.
Ángel no llegó a ver la obra terminada, falleció antes. En tanto, José Salvo murió cinco años después de su inauguración en 1928, asesinado por un sicario contratado por su yerno Ricardo Bonapelch, íntimo amigo de Carlos Gardel. El chofer Artigas Guichón fue el encargado de atropellarlo en Agraciada y Lucas Obes el 29 de abril de 1933, cuando iba rumbo al cine Paso Molino. Los vecinos creen que él es el fantasma. 

Agradezca antes de irse. Ismael no vive más en el edificio, sin embargo es propietario de varios de los apartamentos que hay en él. "Los uso para alquilar y siempre los tengo todos ocupados. Los que se van vuelven, pues es aquí que vivieron los mejores momentos de sus vidas. El Salvo trae suerte", asegura. 

Los vecinos no se cansan de contar historias sobre pésimos estudiantes que mejoran sus calificaciones, empresarios menores que logran cosechar grandes negocios y mujeres que conocen a flamantes "príncipes azules". Todo eso entre las paredes del envejecido monumento nacional. Pero esa ventura puede convertirse en un arma de doble filo. Una vieja leyenda dice que quienes se van del edificio deben agradecer y saludar ante sus puertas, y los que no lo hacen pueden sufrir terribles consecuencias. 

Ganduglia sabe infinitas historias sobre este supuesto castigo para los inquilinos ingratos. En una de ellas habla de un señor que montó una empresa de importaciones y exportaciones. Se trataba de un emprendimiento humilde pero que, superando todas las expectativas, prosperó con rapidez. Al poco tiempo este hombre ya era un importante empresario y estaba en condiciones de tomar más empleados y ampliar sus instalaciones. Cuando se mudó olvidó saludar ante las puertas del Palacio. Se fundió en pocas semanas. 

Otra aparición. Aunque impresionaba su gigantesca estatura y su blanca palidez, lo que más impactó a Ismael de esta mujer fantasma fueron sus enormes y redondos ojos violetas. "La vi con Don Pedro algunas veces, también en el piso siete. Pero casi siempre el hombre del paraguas estaba solo", asegura. 

Él vivió más de 20 años en el edificio y sostiene que incluso mantuvo diálogos con esta aparición femenina. "Mi hermana tenía un tumor en el cerebro y sufría unos fuertes dolores de cabeza. Un día, mientras la estaba cuidando, vi una sombra en otra habitación, me acerqué y era esta persona de los ojos violetas. Me dijo que para calmarle el dolor yo le tenía que tomar las sienes con las manos. Lo empecé a hacer y cuando la agarraba, aunque parezca increíble, ella dejaba de sufrir. Me dijo también que le quedaba un año de vida, cuando los médicos le habían dado pocas semanas", recuerda Ismael. Su hermana murió 12 meses después.


lunes, 14 de marzo de 2011

Palacio Salvo Icono Montevideano

Hola, hoy les presento un blog con una propuesta diferente a la que estamos acostumbrados, este blog esta hecho por y para el principal ícono nuestra ciudad, el Palacio Salvo.

Este edificio encierra dentro de sus cuatro paredes, entre las que habitan mas de mil trescientas personas, una infinidad de historias que merecen ser contadas, desde fantasmas, leyendas, y curiosidades que hacen a la identidad de nuestro país.

Infaltable entre las postales uruguayas, el Palacio Salvo se encuentra en el centro de Montevideo, más precisamente en Plaza Independencia esq. 18 de Julio. El edificio ocupa toda la manzana, hasta la calle Andes.

Se comenzó a construir  en el año 1922, en el terreno que anteriormente ocupaba la confiteria La Giralda,dónde se presento el tango uruguayo más famoso del mundo "La Cumparsita" , la obra estuvo a cargo del arquitecto italiano Mario Palanti, quien tambien construyó el Palacio Barolo en la Republica Argentina.

El edificio contaba con dos sótanos, planta baja, entrepiso, una estructura central de diez pisos, y hacia la Av.18 de Julio una torre, en cuya parte más alta se ubica un mirador, con el cual el número de plantas sumaba un total de 31, y una altura de 105 metros.

En el año 1928 la construcción fue terminada, dando como resultado un imponente rascacielos de hormigón armado, que fue desde 1928 a 1935 el edificio más alto de sudamerica, y tambien fue por algunos años el más alto del mundo construido en hormigón armado, ya que los rascacielos de New York tenian estructura de hierro.

Para su construcción, los hermanos Salvo se encargaron de conseguir los materiales de la más alta calidad, como mármoles de Carrara,  granitos de Alemania para los arcos de La Pasiva, y roble del Cáucaso para sus puertas. Los salones del primer piso con ornamentación Art Decó fueron realizados por el pintor italiano Enrique Albertazzi, quien también trabajó en los vitrales del Palacio Legislativo. El edificio está repleto de lujos, ya que estaba pensado para ser un hotel del más alto nivel.

Es un testigo que se mantiene en pie, recordandonos lo que algun día fue la suiza de América, los tiempos de esplendor que vivió el pueblo uruguayo durante los "Locos años 20".

Aún hoy, luego de más de ochenta años, el Salvo sigue en pie, alzandose desafiante frente a nosotros, con su sólida estructura, recordandoles a todos la época de esplendor uruguaya.

Miles son las historias que se guardan entre sus paredes, y que merecen ser contadas, ya que el Salvo es "un mundo aparte" por su extensión y por la cantidad de residentes que tiene, por lo tanto les propongo seguir subiendo más información e historias del ícono de nuestra ciudad, espero les haya gustado el artículo, saludos.